Devocionales

EL PESO DEL PECADO ANTES DE QUE JESÚS VINIERA

Texto principal: Salmo 38

 

“Salmo de David, para recordar.”

Introducción

¿Alguna vez has sentido el peso de algo que hiciste?

El pecado no solamente tiene consecuencias. El pecado puede producir culpa, angustia, sufrimiento, temor y una sensación profunda de separación de Dios.

En el Salmo 38, David describe de una manera muy intensa lo que estaba viviendo. Él no habla del pecado como algo ligero. Lo describe como una carga pesada.

David dice:

“Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí. Hieden y supuran mis llagas, a causa de mi locura.”
— Salmo 38:3-5

David está describiendo el peso del pecado desde su propia experiencia.

Pero cuando leemos este salmo a la luz de toda la Escritura, podemos comenzar a entender algo todavía más profundo:

¿Qué significaba cargar con el pecado antes de que Jesús viniera?

 

1. EL PECADO PUEDE CONVERTIRSE EN UNA CARGA

Salmo 38:4 dice:

“Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.”

David utiliza la imagen de algo que está sobre su cabeza y que se ha convertido en una carga demasiado pesada.

El pecado no era simplemente algo que había hecho.

Lo estaba cargando.

Y en el versículo 8 dice:

“Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón.”

David está agotado. Está angustiado. Su corazón está quebrantado.

Aquí podemos ver una realidad:

El pecado pesa.

Pero entonces encontramos una profecía que nos lleva directamente a Jesús.

 

2. ISAÍAS ANUNCIÓ A ALGUIEN QUE LLEVARÍA ESA CARGA

Isaías 53:4-5 dice:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

David dijo:

“Mis iniquidades se han agravado sobre mí.”

Isaías anuncia:

“Él llevó nuestras enfermedades.”

Y luego:

“Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”
— Isaías 53:6

Aquí encontramos una diferencia fundamental.

David estaba cargando con su pecado.

Jesús no vino a cargar con su propio pecado.

Jesús era sin pecado.

Él vino a cargar con nuestro pecado.

 

3. GETSEMANÍ: JESÚS COMIENZA A SENTIR EL PESO DE LO QUE IBA A LLEVAR

Lucas 22:43-44 dice:

“Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.”

Jesús todavía no había sido arrestado.

Todavía no había sido azotado.

Todavía no había recibido la corona de espinas.

Todavía no estaba en la cruz.

Y, sin embargo, ya estaba en agonía.

¿Por qué?

Porque estaba acercándose el momento en que cargaría sobre sí el pecado de la humanidad.

El ángel tuvo que fortalecerlo.

Esto nos permite detenernos y pensar:

¿Cuánto pesaba nuestro pecado para que el Hijo de Dios entrara en semejante agonía?

No debemos minimizar el pecado.

Lo que nosotros podemos considerar pequeño, Dios lo ve desde la perspectiva de la santidad.

Y Cristo sabía exactamente lo que estaba a punto de llevar.

 

4. DAVID HABLA DE UNA CARGA SOBRE SU CABEZA

Volvamos a Salmo 38:4:

“Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.”

Ahora miremos lo que ocurre con Jesús.

 

Mateo 27:29 dice:

“Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas…”

David habla de una carga sobre su cabeza.

Jesús literalmente recibió sobre su cabeza una corona de espinas.

Pero no debemos pensar que las espinas eran solamente una comparación física con el pecado de David.

La imagen apunta a algo mucho más profundo.

Jesús estaba entrando en el lugar del pecador.

El que no tenía pecado estaba siendo tratado como el que debía cargar con el pecado.

Isaías lo había anunciado:

“Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”
— Isaías 53:6

 

5. DAVID ESPERÓ EN DIOS Y JESÚS SE ENTREGÓ AL PADRE

En Salmo 38:12-13, David dice:

“Los que buscan mi vida arman lazos; y los que procuran mi mal hablan iniquidades, y meditan fraudes todo el día. Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; y soy como mudo que no abre la boca.”

David decide no responder a quienes lo atacan.

Ahora comparemos esto con Isaías 53:7:

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”

Aquí vemos una semejanza impresionante.

David, en medio de su angustia, guarda silencio.

Y Jesús, en medio de una injusticia mucho mayor, también guarda silencio.

Pero hay una diferencia:

David estaba sufriendo como pecador.

Jesús estaba sufriendo por los pecadores.

 

6. DAVID CLAMA: “NO ME DESAMPARES”

En Salmo 38:21-22 David clama:

“No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí. Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi salvación.”

David siente profundamente su necesidad de Dios.

El pecado lo ha llevado a un lugar de angustia en el que clama:

“No te alejes de mí.”

Y en la cruz escuchamos algo que nos estremece.

Mateo 27:46 dice:

“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Jesús está expresando las palabras del Salmo 22.

Y aquí debemos tener mucho cuidado.

No significa que el Padre hubiera dejado de amar al Hijo.

Significa que Jesús estaba experimentando la profundidad del abandono y la separación que el pecado produce, mientras llevaba nuestros pecados sobre sí.

 

7. EL PECADO PRODUCE DIVISIÓN ENTRE EL SER HUMANO Y DIOS

Isaías 59:2 dice:

“Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír…”

Aquí encontramos una verdad fundamental:

El pecado rompe nuestra comunión con Dios.

El problema del pecado no es solamente que nos hace sentir mal.

El problema más profundo es que nos separa de un Dios santo.

Por eso el pecado necesitaba ser tratado.

No bastaba con ignorarlo.

No bastaba con esconderlo.

No bastaba con intentar ser mejores.

Había que resolver el problema del pecado.

Y ahí aparece Jesús.

 

8. JESÚS CARGÓ LO QUE NOSOTROS NO PODÍAMOS CARGAR

Isaías 53:6 dice:

“Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”

Y 1 Pedro 2:24 dice:

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero…”

Esta es la diferencia entre David y Jesús.

David dice:

“Mis iniquidades… como carga pesada se han agravado sobre mí.”

Pero Jesús dice, con su obra en la cruz:

“Yo llevaré sus pecados.”

David experimentó el peso del pecado.

Jesús cargó con el pecado.

David clamó por ayuda.

Jesús se entregó voluntariamente.

David era culpable.

Jesús era inocente.

David necesitaba salvación.

Jesús vino a ser nuestra salvación.

 

CONCLUSIÓN

Cuando leemos Salmo 38, podemos sentir la angustia de David.

Podemos sentir su culpa.

Podemos ver su debilidad.

Podemos escuchar su clamor:

“No me desampares.”

Pero después de leer Salmo 38, debemos mirar hacia Cristo.

Porque el peso que David describe nos ayuda a comprender la gravedad del pecado.

Y la cruz nos ayuda a comprender el precio que Jesús estuvo dispuesto a pagar por nosotros.

El pecado era demasiado pesado para nosotros.

Pero no fue demasiado pesado para Cristo.

Isaías 53:5 nos recuerda:

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Por eso, cuando comprendemos el peso del pecado, también podemos comprender mejor la grandeza de la gracia.

La cruz no hace pequeño al pecado.

La cruz nos muestra cuán grande fue el amor de Dios para tratar con él.

Y cuando Jesús dijo:

“Consumado es.”
— Juan 19:30

la obra que vino a realizar había llegado a su cumplimiento.

El peso que nosotros no podíamos cargar, Cristo decidió cargarlo por nosotros.

 

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